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katerina

1 Septiembre 2007

NIÑOS PRODIGIOS DEL PIANO


KATERINA BRINDISINA
La Música nos ha revelado a través de la historia que detrás de ella hay grandes niños prodigios que la saben interpretar, dejandonos muchas interrogantes al respecto ¿ El por qué de ello? ¿ Cómo explicarlo? ¿ Qué misterios encierran estos niños con sus grandes dones? ¿ Son producto de reencarnaciones anteriores? .
Lo importnte que están ahí y demuestran su talento interpretando música de los grandes maestros.
Al respecto, www.pianored.com nos señala, que son tradicionales las historias de pequeños niños músicos que con una muy corta edad, usualmente de menos de 10 años, ya tocan el piano como grandes concertistas e incluso algunos de ellos hasta componen sus propias obras. De hecho, de muchos grandes compositores, como Mozart o Beethoven, se ha dicho que eran niños prodigios.
Un niño prodigio pianista debe reunir una serie de condiciones. La primera de ellas es que desde corta edad manifieste una cierta facilidad para la interpretación del piano y de la música. Por otra parte, sus padres deben advertirlo pues si ese talento innato no se aprecia quedará perdido en la nada
Por otra parte, si se complen los dos requisitos anteriores, es decir, que el niño posea un talento y que este sea descubierto por sus padres o por otra persona cercana, debe ser conducido a tomar clases con el profesor adecuado pues un mal profesor puede menoscabar su talento natural.
Para los espiristas esto es posible de acuerdo a la evolución del espíritu y señala luzespiritual.org que la observación del ser humano muestra individualmente considerables diferencias en las aptitudes, en las facultades, en la inteligencia y en el grado de evolución de cada uno. A simple vista, esta desigualdad puede constituir una evidente anomalía, una negación de la justicia, lo que es incompatible con los atributos del bien. En efecto, si se admite – como lo hacen las religiones dogmáticas – que los Espíritus son creados nuevos e idénticos para su encarnación en la Tierra, esas diferencias no pueden lógicamente existir. La explicación materialista es igualmente inadmisible, al hacer depender esas diferencias intelectuales y morales de un estado de la materia cerebral. Tampoco podemos detenernos solamente en la transmisión de los caracteres adquiridos por los ascendientes: la herencia genética puede tener una influencia considerable, pero esta teoría es completamente insuficiente para explicar racionalmente los hechos y en particular el fenómeno de los niños-prodigio; pues si fuera así, debiera concluirse que la procreación de un niño genio es una falla genética de sus ascendientes. Por el contrario, los fundamentos del Espiritismo nos dan muy nítidamente la causa de esas constataciones a través de la enseñanza de las existencias anteriores del Espíritu y de sus pretéritas adquisiciones intelectuales y morales, que varían en cada uno según su grado de evolución. Éstas nos dan la clave del enigma mediante las propiedades del periespíritu, que trae en sí todas nuestras adquisiciones pasadas – como un registro de nuestras reencarnaciones –, y que por intermedio del nacimiento terrestre se van desarrollando ulteriormente como una semilla.

La Doctrina Espírita codificada por Allan Kardec enseña que, en su origen, Dios creó a todos los Espíritus simples, ignorantes e idénticos en todo. Cada uno de ellos es dotado de la intuición de tener que progresar moralmente hacia el bien y de desarrollar su intelecto a través de la adquisición de todos los conocimientos. Su evolución debe ser el producto de su propio mérito. Tiene por guía su libre albedrío y su conciencia. Todos poseen en estado latente las mismas facultades intelectuales y morales que deben desarrollar mediante el trabajo y el esfuerzo en las luchas, en las vicisitudes y en las tribulaciones de sus diversas existencias. Para esto, pasan por pruebas que, si bien transpuestas, los hacen alcanzar los diferentes progresos, que por medio de su obra personal irán a regir su destino futuro, siendo que esas cualidades se volverán adquisiciones definitivas.

El Espíritu recorre su evolución en diferentes fases, ya sea en el estado de erraticidad o en el estado de encarnación en los diversos mundos que pueblan el Universo. En el estado de Espíritu desencarnado, tiene la conciencia de que él ocupa una posición en la escala espírita. Se da cuenta de los diversos adelantos que le faltan adquirir y de los medios que debe emplear para alcanzarlos. Generalmente posee el conocimiento completo de sus existencias anteriores y al ocurrir ello, busca en la vida futura el compromiso con el cual deberá continuar su progreso hacia la perfección relativa, y pide a Dios la oportunidad de reencarnar. En este nuevo estado, adquiere para el trabajo todos los conocimientos científicos que le son indispensables. Experimenta las pruebas materiales necesarias para su mejoramiento moral. La encarnación terrestre es uno de los grados menos avanzados de la escala espírita. El Espíritu nunca retrocede; sus conquistas morales, así como sus adquisiciones científicas anteriores, permanecen con él indefinidamente. Éstas sirven de base para conquistar otras, mientras que en la erraticidad el Espíritu readquiere el conocimiento de sus existencias pasadas. Al reencarnarse nuevamente, el alma humana pierde momentáneamente el recuerdo de dichas existencias anteriores. Esta amnesia es necesaria para que el alma pase sus pruebas de una manera mejor. Sin embargo, ella no pierde el fruto de sus adquisiciones. Al nacer el hombre, sus facultades están latentes; él precisa cultivarlas para hacerlas renacer con una mayor rapidez, a fin de desarrollarlas antes a un grado más elevado. La prueba de que las facultades pretéritas existen en estado latente al nacimiento del ser humano, nos es dada por las diferencias que existen entre los hombres desde el punto de vista de la inteligencia, de las propias aptitudes y de las disposiciones individuales puestas en relieve. Esas facultades, que derivan de adquisiciones anteriores, son conservadas y registradas por el periespíritu que, siendo preexistente a nuestro nacimiento, trae consigo esos recuerdos de la memoria en la nueva encarnación del Espíritu. En efecto, sin esta propiedad nos sería imposible explicar esas poderosas facultades constatadas en unos y ausentes en otros, esas aptitudes de cada ser – orientadas en un sentido nítidamente determinado –, y esos grados tan diferentes de la neutralidad humana, que van desde el cretinismo hasta la inteligencia más elevada. Y menos aún esos niños-prodigio que, sin ninguna educación previa, revelan desde su más tierna infancia los talentos más extraordinarios que poseen la mayoría de los eruditos.

Podríamos citar numerosos ejemplos de genios precoces: Blaise Pascal que, desde su niñez, se reveló como un geómetra y un matemático de primera categoría; Alfred Henry Heineken, que habló casi desde su nacimiento y que a la edad de 3 años sabía latín y francés, además de su lengua patria; respondía a todas las cuestiones de historia y de geografía, siendo más erudito que muchos de los sabios de su tiempo; desencarnó hace cinco años atrás. Mozart, que comenzó sus estudios musicales a los 3 años, para quien este arte pareció ser un lenguaje natural desde su más tierna infancia, se reveló a los 7 años como un compositor de talento y produjo su primera ópera a los 12 años.Están ademas los casos de Rubinstein, Beethoven, Liszt, Paganini, Chrichton, Hamilton, De Kerkove, etc.

El caso fue presentado en una asamblea general del Congreso de Psicología de París por el profesor Charles Richet, especializado en Psicología por la Universidad de París. Esta sesión tuvo lugar el 21 de agosto de 1900. Las actas se encuentran publicadas en la Revue Scientifique (Revista Científica) del 6 de octubre de 1900, pág. 432, así como en la reseña oficial del Congreso de Psicología de 1900. Se trata de Pepito Arriola, un niño de 3 años y medio, de origen español, que a esa edad improvisaba músicas múltiples y variadas. Reproducimos textualmente el informe del profesor Richet:

Pepito Arriola (1895-1954).«He aquí lo que cuenta su madre sobre la manera por la cual ella percibió por primera vez los extraordinarios dones musicales del niño Pepito, y que yo transcribo exactamente con sus propias palabras: «Mi hijo tenía casi 2 años y medio cuando fortuitamente descubrí por primera vez sus aptitudes musicales. En esa época un músico amigo me envió una composición suya y yo me puse a tocarla con bastante frecuencia: es probable que mi nene estuviese prestando atención, pero no lo percibí. Ahora bien, una mañana escucho tocar al lado de mi cuarto la misma composición, con tanto dominio y precisión que quise saber quién estaba tocando así el piano en mi casa. Entré al salón y vi a mi pequeño hijo que estaba solo y que tocaba el piano. Él estaba sentado en un banco alto, donde se había subido solito, y al verme se puso a reír y me dijo: ‘¡Mamá linda!’ Creo que eso fue un verdadero milagro.»

«A partir de ese momento, el pequeño Pepito se puso a tocar piano sin que su madre le diera clases, tanto las piezas que ella tocaba delante de él, como las composiciones que él mismo inventaba. Después desarrolló bastante destreza y se puede decir que alcanzó un verdadero progreso. El 4 de diciembre de 1899, es decir, a la edad de tres años y doce días, Pepito tocó en el Palacio Real de Madrid delante del rey y de la reina madre. Allí ejecutó seis composiciones musicales de su autoría, las cuales han sido escritas. Él no sabía leer; hacía dibujos y a veces se divertía al escribir sus composiciones. Que quede claro que esta escritura no tenía sentido alguno; pero él se divertía bastante al hacer trazos en un pequeño papel. En el lugar superior de la hoja (en donde se colocan las indicaciones de la música en las partituras) hacía garabatos, que según él significaban el género musical de cada fragmento: si era una sonata, una habanera, un vals, etc.; después, en la parte inferior de la hoja, trazaba líneas en las que hacía rasgos, los cuales querían significar la clave de sol, y también líneas negras que – según Pepito – eran las notas. Observaba esa hoja con satisfacción, la colocaba en el piano y decía: ‘Voy a tocar esto’. En efecto, fijaba los ojos en ese papel uniforme y comenzaba a hacer una improvisación de forma admirable.

Para estudiar metódicamente el modo como tocaba piano, he efectuado una distinción entre la ejecución y la invención: «La ejecución: La realiza de manera cándida; sin tener clases, se percibe que él ha hecho su propia digitación en todas las piezas musicales. Sin embargo, esa digitación es muy hábil, tanto como se lo permite la pequeñez de sus manos, que no pueden alcanzar una octava. Entonces él reemplazó la octava – y esto es curioso – por arpegios inteligentemente ejecutados y muy rápidos. Toca con las dos manos. Para dar ciertos efectos o crear determinadas armonías, frecuentemente cruza las manos. A veces también levanta la mano bien alto mientras ejecuta la melodía con la mayor seriedad, como los pianistas renombrados, para luego dejarla caer en la nota justa. No es probable que esto lo haya aprendido, porque la manera de tocar de su madre – que es muy honorable, pero que no tiene nada de extraordinario – de forma alguna es análoga. Algunas veces interpreta frases musicales con una agilidad asombrosa y un vigor sorprendente para un niño de su edad. Además de todas esas cualidades, es preciso confesar que esta ejecución es inigualable. «Él balbucea algo durante medio minuto, y de repente – como si estuviese inspirado – se pone a tocar con agilidad y precisión. Yo lo he escuchado tocar fragmentos bastante difíciles: una habanera ‘gallega’ y la Marcha Turca de Mozart, con una extrema habilidad en ciertos pasajes. Además de la digitación, la armonía es completamente extraordinaria: casi siempre encuentra el acorde justo y, si titubea en el comienzo de un fragmento, tantea algunos segundos y después retoma la armonía exacta. No es una armonía muy complicada: se trata casi siempre de acordes más simples.

Pero a veces inventa de repente cosas sorprendentes. A decir verdad, lo que deja más estupefacto no es la digitación, ni la armonía, ni la agilidad, sino su expresión musical. Él tiene una admirable riqueza de expresión. Ya sea que se trate de un fragmento triste o alegre, marcial o enérgico, su expresión es impresionante. Le he pedido a su madre que toque el mismo fragmento que él: seguramente ella lo tocaba mejor, sin titubear en las notas, sin buscar a tientas y sin repetir; pero el pequeño niño tenía mucho más expresión que su madre.

«Incluso a menudo, esta expresión es tan fuerte y tan trágica en ciertas músicas melancólicas o fúnebres, que se tiene la sensación de que Pepito, con su digitación imperfecta, no puede expresar todas las ideas musicales que vibran en él; de modo que casi me atrevería a decir que él es mucho mayor músico de lo que parece ser.

«No solamente puede ejecutar los fragmentos que él acaba de escuchar a otro tocar en el piano, sino que también puede – aunque con mayor dificultad – ejecutar canciones que él ha escuchado en otro momento. Es una maravilla verlo buscar, encontrar y reconstituir los acordes del bajo armónico, como lo haría un hábil músico. En una experiencia hecha recientemente, uno de mis amigos ha cantado para él una melodía muy complicada. Después de haberla escuchado cinco o seis veces, Pepito se sentó al piano diciendo que se trataba de una habanera – lo que era verdad – y la repitió, no enteramente, pero al menos en sus partes esenciales.»

«La invención: Cuando se escucha una improvisación, a menudo es muy difícil diferenciarla de una invención o una reproducción de la memoria, con respecto a las composiciones y a los fragmentos ya escuchados. Sin embargo, es cierto que cuando Pepito se puso a improvisar, él casi nunca se detuvo y frecuentemente encontró melodías extremamente interesantes, que a todos los asistentes les parecieron más o menos nuevas. Hay una introducción, un desarrollo y un final. Al mismo tiempo, existe una variedad y una riqueza de sonidos que pueden ser sorprendentes en un músico profesional, pero que cuando se trata de un chico de tres años y medio nos deja absolutamente estupefactos.» Este ejemplo es típico. Todos los otros podrían ser calcados en él. Esta precocidad constatada por la intelectualidad, existe desde el punto de vista moral. Niños de corta edad contrastan en su medio, ya sea por la diversidad, por el vicio o por su conducta irreprochable en un ambiente libertino.

Otrro caso interesante y muy conocido es el de Wolfang Amadeus Mozart quien nació en Salzburgo, Austria, un 27 de enero de 1756. Se trataba de un niño prodigio, tal vez el niño más listo de cuantos hayan existido. Su padre, maestro de capilla en la corte del príncipe-arzobispo de Salzburgo, supo adivinar muy pronto el talento de su hijo y dedicó toda su vida, con tesón incansable, a encauzar la genialidad de este ya pequeño artista. Su padre se llamaba Leopoldo, y su madre María Anna (aunque le llamaban Nannerl).
Por otra parte, Mozart, ya desde pequeño, era todo un artista. En 1778, su padre le recordaría esto en una carta: «Cuando estabas sentado al piano o te ocupabas, de cualquier modo, en algo relativo a la música, nade podía acercarse a ti ni tratar de gastarte la más mínima broma...» Luego, en otra parte de la misiva, le decía: «Sí, era tal la gravedad de tu semblante, que muchas personas inteligentes de diversos países se sentían preocupadas, temiendo que tu vida no fuera muy larga a causa de la precocidad de tu talento y tu aire siempre recio y reflexivo». Lo anterior no significaba que el pequeño Wölferl (como le llamaban a Wolfang) fuera un niño raro. En realidad era un chico bastante sano, un niño normal; un chico pacífico, nervioso y juguetón, como todos los demás. Claro, había algo que le distinguía, y esto era su desmedido amor por la música. Algo anormal o impropio en un niño que apenas tenía cinco años.

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jose fernandez

jose fernandez dijo

josue kennedy el niño prodigio de la republica dominicana en you tube
fenomeno del piano

17 Julio 2009 | 12:58 AM

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Sobre mí

Profesional, graduada en idiomas, Italiana,pero con muchos viviendo en Latinoamerica y otros países, con gran interés en conocer nuestro planeta Tierra , todo aquello que conlleve a expresar emociones, sentimientos, conocimientos que nos ayuden a crecer en lo personal y espiritual.

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