KATERINABRINDISINA
Juan Pablo II nos dice que ''la vida es una peregrinación hacia la Casa del Padre''. El más auténtico sentido de la vida es darse a uno mismo (dar la vida) al servicio de los demás, y hacerlo por amor. ¡Jean Guitton ha descrito la ancianidad como la edad oblativa del amor! La cuestión del sentido de la vida es la más radical para todos los seres humanos. Nietzsche escribió estas palabras llenas de sentido: ''Aquél que tiene un porqué para vivir puede soportar casi todos los cómo''
En este tránsito que todos pasamos por este planeta Tierra encontramos legados que nos han dejado personas que han sabido aprovechar la oportunidad de manifestarse, entre una de esas personas esta Tagore.

Rabindranath Tagore (1861 - 1941) es el gran innovador de la letras indias y recibiría el premio Nobel de Literatura en 1913. Disfrutó de gran estima en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial. Su profundafe en el universo y en el espíritu del hombre, expresada en unlenguaje de una belleza y sencillez clásicas, ajeno a las modas, le ha asegurado un puesto permante entre los poetas más importantes de este siglo

Entre algunas de su pòseías están:

Invocación a la noche

1. Oh noche, noche morena, hazme tu poeta!
Durante miles de años los hombres han velado, mudos, a la sombra de tu estrellado
poderío: déjame cantarte por todos ellos.
Llévame en tu alado carro que silenciosamente se desliza de mundo en mundo,
¡oh tú! nocturna noche, magnífica y oscura!

2. A veces un espíritu ansioso entra, furtivo, en tu corte, y errando por tu mansión
sin luz interroga vanamente los aires.
Y a veces algún corazón traspasado por la
flecha de júbilo que lanza el arquero desconocido, prorrumpe en su misterioso canto
que estremece la tiniebla hasta sus cimientos.
A ti las almas conturbadas vuelven sus ojos y quedan temblando de pronto, ante tu cielo
parpadeante, como quien descubre un tesoro.
Hazme tu poeta, oh noche, el poeta de tu insondable silencio.

* * * * *

La luz

La luz! ¡La luz! He aquí la luz que inunda el mundo y nos besa los ojos y el corazón,
¡la luz!
¡Ah! la luz danza, delirante, en el centro de la vida, como en medio de una pradera!
Mi amor, amada mía, si la luz lo toca con sus dedos, suena dulcemente como una campana
de cristal. El cielo se abre. El viento huye saltando como una muchacha transparente.
Y una como risa apasionada se desborda por toda la tierra.
Sobre el corazón de la luz, amada mía, la mariposa abre sus alas tan tiernas casi como las alas
de tu sonrisa. Sobre la cresta de las ondas de la luz se encienden los jazmines.
La luz, amada mía, pone a las nubes un halo de oro y azul, y parece una reina vestida de su propia belleza.
Un inmenso júbilo se extiende, de hoja en flor y de flor en ola en torno al mundo. El río
del cielo ha borrado sus orillas. ¡Y la ola del gozo nos ahoga

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EN MI CIELO AL CREPÚSCULO

Paráfrasis del poema 30 de "El jardinero"

En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.

En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño

REINO DORADO

Los niños

En la última playa del mundo los niños se reúnen. El infinito azul
está a su lado, al alcance de sus manos. En la orilla del mundo,
más allá de la luna, los niños se reúnen, y ríen, gritan y bailan entre
una nube de oro.
Con la arena rosa, dorada, violeta -en el alba, al medio día, por la tarde-
edifican sus casas volanderas. Y juegan con las menudas conchas vacías.
Y con las hojas secas aparejan sus barcas y, sonriendo, las echan al
insondable mar. Los niños juegan en la ribera del mundo, más allá del cielo.
No saben navegar, ni saben lanzar las redes. Los niños pescadores de perlas
se hunden en el mar y, al alba, los mercaderes se hacen a la vela; los niños
entretanto acumulan guijarros de colores y luego, sonriendo, los dispersan.
No buscan tesoros escondidos, ni saben echar las redes.
Sube la marea, con su ancha risa, y la playa, sonríe con su pálido resplandor.
Las ondas en que habita la muerte cantan para los niños baladas sin sentido,
como canta una madre que mece la cuna de su hijo. La ola baila y juega con los
niños y la playa sonríe con su pálido resplandor.
En la última ribera del mundo los niños se reúnen. Pasa la tempestad por el cielo
solitario, zozobran los navíos en el océano sin caminos, anda la muerte,
anda la muerte, y los niños juegan, entre una nube de oro. En la orilla del mundo,
más allá de la luna, los niños se reúnen en inmensa asamblea de risas y de danzas
y de juegos y de cantos.