EL MUNDO MAGICO Y MARAVILLOSO DE LOS ELFOS

KATERINA BRINDISINA
Se ha dicho sobre los elfos que tienen desarrollada la infravisión, por lo que no les resulta difícil moverse en la noche o por bosques donde no entra la luz solar.
Son grandes conocedores de los bosques, en los que habitan, y sus ropas en tonos verdes les permiten camuflarse en el bosque según su necesidad.
Es famosa la habilidad de los elfos con el arco. Son entrenados desde pequeños, y aunque también dominan la espada corta y larga, es con el arco con lo que un elfo combate eficazmente. Su agilidad les permite lanzar una flecha y moverse rápidamente para un nuevo disparo. Las mujeres elfas también son preparadas para la lucha. Es legendaria la leyenda de un ejército de doncellas elfas montadas sobre unicornios, que consiguieron grandes logros y victorias.
Los elfos suelen vivir en campamentos de unos
Generalmente, los elfos suelen ser muy individualistas, por lo que las leyes que cumplan serán las mínimas y más básicas. Les gusta realizar actividades que consideran agradables y alegres, como la música, el baile y la poesía.
Debido a estas propiedades y característica ha sido siempre difícil para los hombres el poder ver a los elfos. Los niños, los poetas, los videntes, los curanderos, los dotados con una segunda visión, hombres y mujeres que han sintonizado y están en paz con su entorno natural han sido quienes históricamente han tenido más oportunidades de entrar en contacto con los gnomos y demás elfos. Los relatos de estos encuentros fueron al principio transmitidos oralmente por los narradores de historias, sabios y sabias, sacerdotes, brujas, criados y poetas. Las relaciones, sexuales o de otra clase con los elfos se han descrito como muy difíciles de mantener, puesto que ambas partes están sujetas a un sinnúmero de tabú.
Hay diferentes clases de elfos como no los destaca mx. Geocites.com
Elfos de
.- Dominan el cambio de apariencias y pueden viajar a través de las dimensiones conocidas. Su belleza es con frecuencia efímera, como la de la mariposa. Constituyen uno de los grupos de mejor predisposición hacia los humanos, pero por desgracia éstos les ven con menor frecuencia que a los elfos de
Elfos de
- Construyen sus hogares en la tierra y su piel refleja sus colores: gris, pardo, rojo y negro. A veces viven en casas de los humanos, aunque prefieren los lugares y rincones oscuros y sólo aparecen al mediodía o entrada la noche.
Elfos de
Son los más numerosos. Están sujetos a su entorno y su vida está definida por las leyes del tiempo, del espacio y del lugar. Debido a estas limitaciones pueden ser reconocidos más rápidamente por los humanos. Estos elfos toman muchas precauciones para protegerse de las injerencias de los extraños y rara vez viajan lejos de su árbol, planta , arroyo, montículo o estanque nativos.
Los elfos poseen rasgos y características en común con los pueblos antiguos de Europa : lapones, celtas, teutones... Para adquirir poder sobre cualquiera de ellos, un humano no tiene más que descubrir o adivinar su edad auténtica, que casi siempre es venerable.
Los elfos desconfían del hierro y del acero, así como de la religión que negó su existencia y de la industrialización de la sociedad moderna; no les agradan los humanos que siguen los nuevos estilos de vida. Las mujeres élficas suelen tener largos y pendulantes pechos, como muchos animales, y pueden trabajar en el campo y al mismo tiempo amamantar a sus niños, que acarrean en cestas en las espaldas, hecho que indica su extrema fecundidad. Otros elfos tienen apariencia humana, a veces con la excepción de los pies, orejas, piel o dientes de animales.
Hay una interesante leyenda sobre los elfos denominada
El Vigilante de los Elfos
Cuando los Elfos llegaron a
Esta es la historia que se cuenta en las cabañas de Irlanda sobre un Vigilante de los Elfos que consiguió escapar:
La princesa Juana vivía en su castillo cercano a los bosques de Carterbaugh, pero el celo de su padre el rey la obligaba a sufrir una clausura más propia de monjas que de muchachas de su edad. Por eso, el día que halló unas piedras derrumbadas en la vieja tapia que rodeaba el huerto no se lo pensó dos veces, se arremangó las faldas y pasó por la oquedad hacia el horizonte verde poblado de árboles que se extendía ante ella. Corrió durante más de media hora, sin atreverse a volver la mirada, temiendo ver a los guardianes persiguiéndola a caballo. Pero esas eran imaginaciones suyas. En realidad los guardianes tenían otras cosas más importantes de las que ocuparse, pues el rey había convocado un importante consejo ante la inminencia de unas violentas revueltas en la comarca.
La princesa Juana se dio cuenta de que se hallaba en el interior de un bosque cuando empezaron a escocerle los arañazos de sus manos y de su rostro. De repente, el sol que lucía al salir del castillo había desaparecido bajo la sombra de los imponentes árboles y de sus apretadas copas. No había sendero para sus pies doloridos, ni banco para reposar, pero nada de eso importaba: la libertad era la libertad. Entrevió un rayo dorado que hendía la húmeda atmósfera entre los troncos grises y las enmarañadas ramas. Se dirigió hacia allí, dejando más retazos de sus prendas enganchados a las zarzas. El sol había conseguido colarse e iluminaba una pequeña pradera con flores azules y violetas. Aquello sí que era belleza y no el ordenado jardín de tulipanes del castillo. Se recostó la princesa, luego, riendo, como una niña, se revolcó sobre la hierba húmeda, y, al fin, se sentó, feliz y risueña. No pudo resistir la tentación de arrancar las flores de tallo más largo, pero se detuvo en seco al escuchar un ruido tras de sí, entre los árboles. El corazón comenzó a latirle deprisa. Escrutó con la mirada todo a su alrededor sin distinguir nada anormal, salvo ramas, hojas y troncos; sombras y luces; crujidos y aleteos; lo normal, se dijo, en un bosque como éste. Pero la voz que escuchó no la esperaba, y le hizo dar un respingo:
-Siento deciros que debéis abandonar este lugar cuanto antes, Milady.
De un árbol se descolgó un joven, que fue a parar delante mismo de ella. La princesa se puso rápidamente en pie, tratando de recuperar por todos los medios la dignidad perdida.
-¿Y quién me lo ordena, señor?¿Quién osa a decirle lo que tiene que hacer la hija del rey en sus dominios?
-Milady, estos dominios son libres, y por ser libres, pertenecen en exclusiva a los Elfos. Que yo sepa, nadie os ha dado permiso para arrancar esas flores, por muy hija de rey que os consideréis.
El joven contestó con arrogancia y con una pizca de furor contenido. Pero todo su aplomo se vino abajo cuando la princesa siguió diciendo:
-Mis excusas, entonces, por mi ignorancia. Apenas he salido más allá de los límites de la muralla de mi castillo y no conozco las antiguas costumbres más que lo que cuentan las comadres junto al fuego. Si os he molestado...- y terminó inclinando la cabeza.
-Perdonadme a mí, por mi brusquedad...-dijo entonces el hombre, mostrando un pesar real, desarmado ante la sencillez de la dama, y deslumbrado por su belleza- Mi nombre es Tam, y mi trabajo es alejar a los humanos de este bosque, pues soy un Vigilante de los Elfos. Yo debería ahora dar el aviso y apresaros para someteros a su voluntad, mas no temáis, bella dama, que no lo haré. Antes bien, os acompañaré hasta los lindes de Carterbaugh, si aceptáis mi humilde compañía.
-No sólo la acepto, Sire, sino que me agradaría gozar de vuestro acompañamiento por más tiempo, y desearía que aceptareis la hospitalidad del rey y la mía propia, y vinierais a alojaros al castillo.
-Mi Señora... eso no es posible, los Elfos, mis amos, nunca lo consentirían. Estoy condenado a permanecer aquí siempre, salvo que ocurriera algo muy especial que ni soñar puedo.
-Por favor, Sire, decidme qué es necesario para ello, ¿necesitáis riquezas con las que comprar vuestra libertad?¿armas acaso? ¡Decídmelo presto y haré que os lo consigan!
El joven la miró con ojos arrobados, se acercó a ella y la tomó de la mano, haciendo un gesto para acomodarse juntos sobre la hierba.
-Milady, vivo aquí escondido desde muy niño. Soy hijo único y ya he perdido toda mi esperanza de volver a ver con vida a mi padre ni a mi madre. Cuando cumplí doce años insistí para que me dejaran participar en una cacería, a pesar de la oposición inicial de mi padre. Lo logré y a duras penas aguanté unos minutos con el grupo a caballo. Mi inexperiencia, unida a mi arrogancia, me llevaron a perderme por el bosque mal montado en mi cabalgadura. Oscurecía, se levantaba el fuerte viento del norte, no notaba ya las manos desnudas y prontas un calambre me hizo caer de la montura. El caballo huyó relinchando de miedo. Eso es lo último que recuerdo. Cuando desperté me di cuenta de que estaba en posesión de los Elfos. Ellos me criaron y me obligaron a hacer la promesa que desde entonces me ata a su servicio.
El sol que antes iluminaba el claro se había ido apagando. La luz era ahora rojiza. Las flores se habían cerrado sobre sí mismas, esperando la noche.
-Dentro de una horas, Milady, los Elfos, encabezados por su Reina, organizarán una cabalgata para ir a celebrar
El joven se levantó con gesto decidido, pero Juana le cogió de la mano y le obligó a seguir sentado junto a ella.
-Confiad en mí, Tam. Una corazonada me dice que nuestro encuentro no ha sido fortuito. Decídme, por lo que más queráis, cuál es esa esperanza de la que habláis, y no me ocultéis nada como me parece que hacéis, quizá pensando que de esa forma me protegéis. Antes al contrario, si no os puedo ayudar, permaneceré aquí hasta que lleguen ellos, y, oídme bien, estoy dispuesta incluso a convencer a la mísmisima Reina de los Elfos de que os libere. Así que, ¡hablad presto, Sire!
La determinación parecía tan firme, su apostura era tan regia, que el joven Tam acabó por ceder, e inclusó llegó a recuperar un atisbo de confianza en la posibilidad de salir de allí.
-Está bien, mi Señora, creo que podemos intentarlo. Escuchad atentamente porque deberéis hacer todo exactamente como os lo diga, de no hacerlo así las consecuencias serían terribles, y no llego a imaginar de qué sería capaz
La joven tan sólo pudo asentir con la cabeza, notaba un nudo en el estómago, la lengua paralizada y la boca seca.
-Como os decía antes, esta noche
La princesa asentía continuamente, y trataba de dibujar una débil sonrisa que ocultara el temor que sentía en ese momento. Se levantaron y esta vez fue Tam el que cogió su mano y la acercó a sus labios:
-Y ahora debo marcharme. Confío en Vos, mi Señora, si algo saliera mal, con mi vida defenderé la vuestra, no lo dudéis. Y cuando salgamos de aquí, os lo juro por la memoria de mi padre y por esta su espada, seré vuestro esclavo y vuestro paladín.
Dicho esto, echó a correr y desapareció entre los árboles enseguida. La princesa se dió cuenta entonces de que la noche ya se había cerrado sobre el bosque, oscuridad sobre oscuridad, y se apresuró a buscar el camino que la conduciría a la encrucijada. No fue muy difícil, después de unos instantes de aturdimiento. El estrecho sendero pelado, sin hierba, resaltaba por su claridad sobre el resto de la maleza, y lo siguió, hasta llegar enseguida a otro lugar abierto, donde confluían los demás caminos. Allí, detrás de un matorral se escondió, dispuesta a esperar a
No pudo saber cuánto tiempo pasó. Un ruido como de hojas arrastradas por el viento la sacó de su ensimismamiento. Por el camino de su izquierda los árboles parecían moverse. Unas sombras se fueron haciendo cada vez más consistentes. Alguien vestido de un blanco deslumbrante, visible aún en medio de la negrura de la noche, como una fosforescencia venida de otros mundos, apareció ante sus ojos. Se trataba de la imponente figura de
Entonces, un viento de tempestad se levantó al instante, el aire se puso a silbar como mil serpientes al unísono, y las copas de los árboles se azotaron unas a otras, provocando un estruendo enorme, a la par que los rayos chasqueaban sobre ellos y los truenos retumbaban ensordecedores. Como surgido de la misma noche, un enorme potro negro pareció volar hasta donde estaban la princesa y el vigilante. Los belfos de la bestia lanzaban espumarrajos, sus relinchos destrozaban los tímpanos y sus cascos brillaban como si estuvieran envueltos en metal. Montada a horcajadas sobre la inmensa cabalgadura,
-Está bien, lo habéis conseguido. Habéis logrado vencer a
El caballo negro se encabritó una vez más, una llamarada verde iluminó los ojos de
Al cabo de un tiempo, por un extremo del bosque de Carterbaugh, salieron un hombre y una mujer. Caminaban a duras penas, apoyándose el uno en la otra, en dirección al castillo cercano, cuando una tropa de soldados les dio el alto. Los hombres armados tardaron más de diez minutos en convencerse de que aquella joven vestida con harapos, de rostro demacrado, ojos enrojecidos, mechones blancos en el cabello y mirada demente, decía la verdad cuando se presentó como

hunicornioh dijo
ESTIMADA CHEMA
TU RELATO ME ATRAPÓ. HE ENTRADO EN TU MUNDO MÁGICO Y ME HA GUSTADO MUCHO. TE ANIMO A URDIR OTRA HISTORIA Y ME HAGAS DUDAR DE SI EN REALIDAD EXISTEN O HAN EXISTIDO. HASTA PRONTO....UNICORNIO.-
10 Septiembre 2009 | 07:23 PM