..."En mi locura encontré libertad y seguridad; la libertad a la soledad y la seguridad de no ser comprendido, ya que quienes nos comprenden nos esclavizan"Gibran
Gibrán Jalil Gibrán, el poeta árabe más conocido del siglo XX, nació en Becharre, Líbano, en 1883. Su primera obra literaria, Espíritus rebeldes, fue quemada en una plaza pública de Beirut por considerarse «libro peligroso y revolucionario»: Gibrán fue desterrado por el gobierno de su país y excomulgado por su iglesia. Ante este mazazo, el poeta da un giro radical: se encierra en sí mismo, volviendo la espalda a aquella realidad tan hostil, y se refugia en los más puros sentimientos de su corazón. Lejos ya de la garganta que grita y desprecia, busca la paz, el retiro, el sosiego místicoInteresante son las magnificas aportaciones que nos legara Gibrán Jalil mientras permaneció en este plano, nos lego muchas bellas poesías, obras, cuentos, reflexiones que no pasan en el tiempo, que invitan de vez en cuando a ser leidas, meditadas. Una de esas reflexiones maravillosos en lo relacionado sobre El Loco, no señala Ángel Fernández Damarcus, que : las múltiples máscaras que nos ocultan el verdadero esplendor del rostro, nuestro rostro y la divinidad que lo recubre, son las que Gibrán nos invita a despojarnos con dulce apacibilidad. Agrega, que con una estética e imaginería sencilla, pero variada (que nos familiariza cercanamente con la tradición orientalista de “Las mil y una noches”, o la línea filosófica de Jayyam), el texto permite atisbar un preciso recorrido sobre las esferas concéntricas del espíritu humano o, en su mayor particularidad, en las estaciones cíclicas de su conducta. La mezquindad, la vanidad, la ambición, la envidia, el engaño ocupan implícitamente las acciones que los personajes desarrollan en los melifluos relatos que la pluma de Jalil expone; siempre con el sello no boicoteado de la belleza transparente, lírica, de gran intensidad. En conseguir esos efectos se sirve de una estructura narrativa similar a la de la fábula donde los protagonistas en forma de individuos, animales e incluso entes etéreos e inanimados (“Los siete egos”, “las tres hormigas”), ofrecen a título coral normas y pareces éticos en un afán en que el lector elija y se involucre en el que considere más acorde a sus principios morales. En este pequeño libro que consta de 35 capìtulos cortos, su lectura se hace ràpida, donde sus temas aparentemente simples nos hacen reflexionar sobre su contenido y nos obliga a detenernos muy a menudo y meditar profundamente tratando de sacar nuestras propias conclusiones El nos dice..."me gusta mi locura a solas"...el yo que hay en mi, mora en el interior de la casa del silencio y ahì permanecerà por siempre, inadvertido y en secreto, por eso rehuye al amigo"... En El loco (1918), un demente iluminado pronuncia una serie de discursos que recuerdan al Zaratustra de Nietzche. Y finalmente, El vagabundo es una colección de pequeños cuentos, anécdotas y fábulas que un caminante relata durante varias noches a la familia que lo acoge. Y sentándome junto a él sobre el banco, le pregunté: -¿Por qué estás aquí? Me miró asombrado y respondió: -Es una pregunta inadecuada; sin embargo, contestaré. Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de sí mismo; también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre. Mi hermana mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta. Y mis profesores, como el doctor de filosofía, el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes, y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo. Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano. Al menos puedo ser yo mismo. Enseguida se volvió hacia mí y dijo: -Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo? -No, soy un visitante -respondí. -Oh -añadió el- tú eres uno de los que vive en el hospicio del otro lado de la pared.
Se sabe, que fue un gran admirador de Walt Whitman cuyas poesías eran su libro de cabecera, si Whitman iba a hacer del lenguaje y los sentimientos un arma arrojadiza, Gibran adoptaría una postura contraria; su mística se orienta en otra dirección, volviendo la espalda a la realidad hostil y refugiándose en el yo individual


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